Momentos de la vida en los que no hay rumbo concreto. Equilibrio de sensaciones. Todos los caminos son buenos. O eso parece hasta que estás andando por ellos y te sientes de repente, perdido y te preguntas: ¿debo retroceder o seguir hasta que vea un cruce y cambio de dirección? Nunca se sabe. Tengo la misma que sensación que cuando llegas a una ciudad nueva y tienes que encontrar algo, el mapa no dice mucho y no entiendes el idioma. Seguro que os ha pasado. Y coges calles y calles y calles y das vueltas y vueltas y vueltas. Y encuentras lo que buscas, antes o después lo encuentras. Siempre lo encuentras. Por eso no pierdo la paciencia. Sé que pronto encontraré el camino adecuado y llegaré. A dónde, no lo sé.
Pero ahora las cosas son más difíciles, porque no sé qué es lo que tengo que buscar en el mapa de esta nueva ciudad en la que de repente se ha convertido mi vida. Una ciudad desconocida, de la que a veces creo hasta desconocer el idioma porque no entiendo nada de lo que pasa, porque paseo y vivo al margen de lo que la gente ve y comenta. Como en una realidad paralela en la que intento hacer de mi vida algo diferente, original, divertido y que no tenga nada que ver con lo que está establecido. A veces creo que tengo que cambiar de ciudad. Otras siento que no. A lo mejor simplemente tengo que hacer esfuerzos por intentar ver más. O no. Porque como le dijo el Principito a Antoine Saint-Exupéry: “Lo esencial es invisible a los ojos”. La sencilla sabiduría de los niños que la mayoría de las personas perdemos cuando crecemos y nos hacemos adultos.
Por eso para este año nuevo quiero que cada uno de vosotros volváis a ser niños. “Ya que las personas grandes nunca comprenden nada por sí solas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones. A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: ¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas? Pero en cambio preguntan: ¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos?¿Cuánto gana su padre? Solamente con estos detalles creen conocerle. Si les decimos a las personas mayores: He visto una casa preciosa de ladrillo rosa, con geranios en las ventanas y palomas en el tejado", jamás llegarán a imaginarse cómo es esa casa. Es preciso decirles: He visto una casa que vale cien mil pesos. Entonces exclaman entusiasmados: ¡Oh, qué preciosa es! Los mayores son así. No hay por qué guardarles rencor. Los niños debemos ser muy indulgentes con las personas mayores. Pero nosotros, que sabemos comprender la vida, nos burlamos tranquilamente de los números.”
Este nuevo año sed un poco como el Principito, por favor. Vuestra vida y sobre todo la gente que os rodea os lo agradecerán.
Feliz Navidad y Año Nuevo a todos.
Me siento igual que tú...¿Alguien tiene una brújula? ;-D
Publicado por: Alba | 01/01/08 en 21:32